Se llama José Luis Prada Méndez, pero pregunte siempre por Prada. Lo han llamado loco muchas veces, tantas como han augurado que sus sueños no iban a triunfar. Más tarde corrigieron el adjetivo y lo cambiaron por “profeta”. Hecho a sí mismo, este culo inquieto y viajero impenitente, desde muy joven tuvo claro que en el Bierzo había productos increíbles pero infravalorados, en los que valía la pena creer si se hacía desde la autenticidad y la honestidad. 

 

Lo que la tierra nos entrega merece ser transformado como merece y conseguir el valor añadido para los que viven de ello, solo así se mantendrá la calidad en lo más alto. De las conservas artesanales al vino del Bierzo, pasando por la restauración y el alojamiento o el enoturismo, en el que fue pionero en El Bierzo, todo lo que Prada emprende tiene su sello particular y el ideal de ser lo mejor en su categoría. ¿El secreto? Pues que a Prada la madrugada siempre lo sorprende trabajando.

 

La fundación

La Fundación Prada a Tope surge en 2008 del interés de José Luis Prada por la defensa del patrimonio natural de la comarca del Bierzo, así como del arquitectónico popular. Puso en marcha este ente para dar ejemplo a particulares e instituciones de lo que se puede conseguir si hay ganas y tenacidad por luchar por lo que se quiere. Entre sus líneas maestras está el concurso de recuperación del patrimonio arquitectónico rural y con el que se pretende reivindicar la arquitectura tradicional tanto de particulares como de instituciones premiando a las mejores iniciativas. 

Hace seis años la Fundación comenzó a plantar árboles en el paraje de Los Barredos, terrenos que eran propiedad de Prada y que ahora forman el Bosque Didáctico que ocupa casi ocho hectáreas de terreno y en el que se pueden ver crecer más de cuarenta especies arbóreas. El Bosque Didáctico es nuestra herencia más preciosa para las futuras generaciones.

 

  • La fundación Prada a Tope
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