Desde hace cuarenta años apostamos por la gastronomía tradicional partiendo de las mejores materias primas. Le ponemos el oficio y el cariño que le ponían nuestras madres, dándole vida a recetas hijas de mil abuelas que, por desgracia, en ocasiones han ido desapareciendo. El campo berciano tan rico y variado llena nuestra despensa de temporada para que nuestros clientes se reencuentren con la cocina de sus antepasados en pleno siglo XXI. 

 

Nuestro restaurante ofrece espacios diferentes, algún reservado, otros de interior frescos en verano y con leve aroma de leña en invierno y los suaves estallidos de las llamas en el lar. Y nuestro prodigioso corredor orientado al mediodía, a la sombra del sol alto del verano y en invierno caldeado por el sol que viaja mucho más acostado, lo que comas y bebas multiplica tu placer por mil. Los pájaros te visitarán y, si te descuidas abstraído por la vista de los viñedos, los bosques y las montañas, buscarán tus migas perdidas.

La cocina

Donde los aromas son el principio del deleite, el tiempo compartido entre el equipo de cocina y una carta diseñada con detalle, son el punto de partida para comprender nuestra gastronomía. Y es donde suceden las historias entre los vapores y el mimo por los alimentos, por el respeto a la naturaleza y a las personas que trabajan en el Palacio. El sonido de los utensilios al compás de cada plato convierten a este habitáculo en una sinfonía diaria.

No hay secretos en nuestra cocina, tan solo el entusiasmo y las ganas por cuidar cada pequeño detalle y capricho, que nos entretienen y provocan sonrisas y buen hacer en el trabajo diario. Nos reconforta, sentimos las emociones a flor de piel, como no prodría ser de otro modo cuando los comensales se acercan a la cocinera y le dicen: hoy hemos disfrutado de la comida "A tope".

  • La cocina del Palacio
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