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En esta camisa
de once varas quiso meterse Prada en aquel tiempo en el que nadie
apostaba por lo auténtico y tradicional. Le advirtieron de los riesgos,
pero no se arredró.
Su incursión en
la conservación tradicional de las excelencias de la huerta berciana logró
en un momento el respeto y la admiración que producen la honradez y el
esfuerzo. Aquello era bueno, mejor. Posiblemente puedan asarse los pimientos en
hornos industriales y en grandes conserveras, pero... jamás sabrán
como los que uno mismo se prepara para su propia casa, para los suyos.
Este es el método
industrial por el que apostó Prada en el año 72. No había
nada que inventar. Estaba todo hecho. Sólo había que respetar el
procedimiento tradicional, el mandato de la experiencia, la hoguera, las brasas,
las vueltas precisas, el concilio de mujeres celebrando la fecundidad de la
cosecha... mimando a mano la faena... al viejo modo... y de mil amores.
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