Por eso dije y diré
y no me cansaré de repetir que en los pueblos se debe de trabajar para,
de alguna manera ser la reserva de una forma de vida que poco a poco va
perdiendo su seña de indentidad.
Creo que cada región,
cada pueblo, cada hombre y cada mujer deben trabajar para por lo menos mantener
un puñado de aquella dignidad y capacidad de sacrificio que nos enseñaron
nuestros mayores.
Este es el gran reto que
debemos asumir, ser los portaestandartes de una forma de vivir nueva, renovable,
sencilla y sobre todo más auténtica


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