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Los avatares del
tiempo, sin embargo, y alguna suerte cambiante escribieron
finalmente cierta decadencia y abandono. Pero el sueño que la alumbró
no podía haber muerto. Tanta grandeza no desaparece fácilmente.
Y aquí es donde
entra en el viejo sueño nuestro hombre, Jose Luis Prada, Prada a Tope, un
soñador que demuestra que tocar el cielo sólo se consigue pisando
firmemente la tierra.
Apostar por
recuperar y reconstruir el potencial
de modos, saberes y sabores de siempre ha premiado el esfuerzo.
El viejo palacio
rehabilitado es su enseña, su emblema, un resumen de la filosofía
de lo auténtico. Porque la apuesta de Prada no son sólo sus vinos,
los higos, las peras, las castañas, las cerezas... sino toda la
monumentalidad humana y patrimonial que le rodea... un patrimonio que estimula y
compromete, pues el paisaje es su principal capital a proteger... la
arquitectura tradicional, un compendio de arte popular y belleza irrepetible que
por todo el Bierzo resiste las embestidas de la construcción vulgar e
impersonal... la agricultura tradicional, una honestidad y un equilibrio que
prohibe la codicia, el agotamiento y el pudrir la tierra...
Es la honradez de la
cosecha laborada y la fiesta por lo bien hecho... los arcaísmos agrarios
que Prada resucita tenían su porqué... |