|

Ya en el Año 90,
aseguraba Feliciano Fidalgo, que los vinos Bercianos serían unviersales y
también que el Tinto Palacio de Canedo 91 de Prada no es sólo
el símbolo de los finos aromas de la mencía de El Bierzo sino que
está despertando al Bierzo.
Y plantó viñedo
nuevo en las viejas tierras palaciegas y en otras cuestas cercanas que beben el
sol mirando al mediodía.
Este era un reto. Estas
uvas tenían que ser distintas, tenían que buscar lo
extraordinario.
Para ello Prada, no tuvo
que apuntarse a la moda o la conveniencia de la agricultura ecológica,
que en tantos casos parece quedarse tan sólo en una etiqueta o en una
duda. No tenía necesidad. Ya estaba inventada en todos estos lugares, en
toda esta agricultura tradicional que acumula experiencias y escarmientos. Así
que mucho antes de la moda, estos viñedos se abonaban como siempre,
abonos orgánicos, compost que cuece en el muladar su fuerza nutritiva...
nada de fosfatar o nitratar empapando de química el suelo... nada de
tratar las enfermedades de la vid con productos sistémicos que contaminan
y empobrecen, sino con azufre o sulfato de cobre, que es norma eterna.
Y surgió un viñedo
en esplendor con racimos envidiables sobre el que se pinta en otoño toda
la paleta de un pintor para engrandecer aún más este paisaje.
|